La venta ilegal ya ocupa hasta la calle en el Centro

El paisaje urbano en la tarde del sábado vino con una postal poco vista hasta el momento: la ocupación de la calzada en pleno centro como escenario para la venta ilegal de indumentaria.

El cuadro, que se presentó en la esquina de diagonal 80 esquina 3, no pasó inadvertido para inspectores de la Municipalidad. Pero si hubo operativo, habría resultado fallido, como sucedió hace pocos meses en el microcentro.

Tras unos minutos de intercambios con palabras en tono alto o gritos directamente, personal de la Comuna se fue del lugar y el puesto permaneció hasta el final de la tarde.

El puesto estaba instalado sobre una tarima construida con baldes de plástico, maderas y mantas en el sector de la calzada vedado al estacionamiento. Igual que en otras esquinas, allí está pintado en amarillo y se marca la prohibición de estacionamiento con bolardos de plástico y macetas de cemento.

“Están por todos lados y ya no les alcanzan las veredas”, reclamaba un comerciante de la zona ante el panorama con varios puestos de venta de todo tipo de artículos, en las veredas de la diagonal, con mucho tránsito peatonal ayer entre la estación de trenes y la plaza San Martín.

Se ofrecía sobre las mantas ropa, gorras, zapatillas, auriculares y cargadores para celulares y discos con películas y música.

Según informó la Municipalidad, se realizan operativos en forma habitual contra la venta ilegal. En febrero, en un control que se realizaba en 7 entre 47 y 48, uno de los puntos neurálgicos, con ocupación de veredas para venta de todo tipo de mercadería, se produjo otro enfrentamiento de manteros a inspectores de la Comuna.

La reacción logró neutralizar la acción de los agentes. Varios vendedores se interpusieron primero al decomiso de la mercadería (sin documentación) y luego avanzaron sobre dos móviles oficiales, retirando los paquetes levantados minutos antes de la calle del baúl de un auto.

No fue todo. Uno de los manteros se puso cara a cara con uno de los agentes del Municipio y tironeó del barbijo con el que se cubría la cara. Todos, a pocos centímetros de distancia.

Dos metros atrás, un equipo de policías que hacía una recorrida a pie por el Centro, miraba la escena.