Maniataron y golpearon al dueño de una cortinería de Barrio Hipódromo

A las 5 menos cuarto de la tarde del jueves, el propietario de una tradicional cortinería de Barrio Hipódromo, escuchó que tocaron el timbre en la puerta de entrada al local.

Al acercarse a la puerta, vio a un hombre de mediana edad y con un barbijo cubriendo parte de su rostro. Creyéndolo un cliente, entonces activó el dispositivo eléctrico con el que se franquea el ingreso a este comercio de 34 y 116.

Enseguida se percató de una circunstancia que le despertó una fea sospecha: el visitante dejó la puerta a medio cerrar. Cuando el comerciante le preguntó qué necesitaba, desplegó una farsa que, de todos modos, duró un puñado de segundos.

“Me dijo que quería pedir un presupuesto por una cortina y agarró un catálogo que estaba arriba del mostrador, como si quisiera elegir alguna para puntualizarme cuál quería”, le contó en la tarde de ayer a este diario Federico Giacoy (38), el comerciante damnificado.

“METETE ADENTRO”

El engaño quedó al descubierto ahí mismo, porque según lo relatado por Giacoy, de inmediato extrajo un arma de fuego y -sin titubeos- le ordenó “metete adentro”, indicándole el lugar que comunica con la parte posterior del negocio.

Fue en esos instantes en que dos cómplices, también armados, entraron al comercio y apuraron el paso para ir a la trastienda.

Enseguida se desarrolló la peor una secuencia que debió soportar Giacoy, que incluyó mucha violencia y tensión.

La propia víctima lo detalló así: “Me dieron un culatazo en la cabeza, me tiraron al piso, me ataron de pies y manos con los cordones de mis zapatillas e, inclusive, estando en el suelo uno de ellos me dio un pisotón en la cara”, reflejó mientras se bajaba el barbijo para dejar ver la marca que le provocó esa acción.

Consultado acerca de lo que le robaron los maleantes, informó: “Se llevaron una suma importante de dinero (evitó revelar el monto) que tenía preparada para el pago a proveedores, el celular, el DVR de las cámaras de seguridad y la llave de mi camioneta”.

“TAMBIÉN A MI PAPÁ”

La banda, que contaba con un cuarto integrante en apoyo al volante de un auto estacionado a metros de la cortinería, notó que en el interior del comercio había un acceso a la vivienda donde viven los padres del comerciante, en la planta alta de esta propiedad.

Y no dejaron pasar la oportunidad de concretar, entonces, un doble asalto.

“También le robaron a mi papá, de 71 años, que estaba con la persona que lo ayuda en la rehabilitación en una pierna. No les pegaron ni ataron como a mí, pero a papá le sustrajeron dinero y elementos como perfumes, ropa y un reloj”.

Del botín sustraído a padre e hijo, sólo se pudo recuperar el teléfono celular de Federico. “Los delincuentes lo descartaron en diagonal 74, a cuatro cuadras de acá, y seguramente porque se dieron cuenta que cuenta con un sistema de rastreo satelital que podía delatarles la ubicación por donde se movían”, consignó.

Las cámaras de seguridad del barrio permitieron establecer que la banda se movilizaba a bordo de un Ford Focus de color blanco y con vidrios polarizados.

“NO SON IMPROVISADOS”

Los movimientos sincronizados con que este grupo de asaltantes desplegó el golpe en la cortinería y en la vivienda del piso superior, convencieron al dueño de ese negocio de que “no son improvisados”.

Y refirió: “Tampoco son muy jóvenes, porque aparentan tener entre 30 y 40 años”.

“Además, los tres que entraron a la cortinería estaban armados, con pistolas y revólveres”, recordó.

Hay otras cuestiones de la banda que le quedaron a Federico en su memoria: “Cuando me pidieron el dinero, me reclamaron que también les diera dólares. Les tuve que explicar que no tenemos esos billetes acá, porque somos un comercio familiar, no una empresa”. Y escuchó órdenes como “no me mires” ó “no te muevas”.