Nadal, la leyenda que aprendió a convivir con la gloria y el dolor

No caben dudas que Rafael Nadal está quemando los últimos cartuchos en el tenis profesional. El propio jugador español -que mañana estará cumpliendo 36 años al mismo tiempo que se encuentre disputando una de las semifinales de Roland Garros contra el alemán Alexander Zverev- ha venido manifestando en forma reiterada que el epílogo de su carrera está cerca; mientras tanto, el mallorquín sigue deslumbrado en las canchas como lo hizo en la noche parisina del último martes al eliminar al número uno del mundo, Novak Djokovic del Abierto francés.

Claro que Nadal, esa enorme leyenda del deporte mundial, ha tenido que aprender a convivir con la gloria y el dolor, ya que desde hace mucho tiempo arrastra una lesión crónica en uno de sus pies. Rafa padece lo que se llama Síndrome de Müller-Weiss.

Este síndrome, conocido también como una osteocondritis del escafoides, se ha convertido en el “rival” más duro de Rafa Nadal. Es una lesión degenerativa, que el tenista sufre en su pie izquierdo, fue debilitando el hueso y la articulación astrágalo-escafoidea como consecuencia de una anomalía en el desarrollo del tejido del escafoides tarsiano.

Nadal convive con dicha lesión desde 2005, año en el que le fue diagnosticada cuando apenas tenía 19 años. Entonces, el zurdo acababa de conquistar el primer Roland Garros y, apenas unos meses antes, en abril de 2004, había sufrido una fractura por estrés en el pie izquierdo.

Esta lesión inicial acabó evolucionando a una artrosis en el escafoide, produciéndole un dolor persistente que se agudizaba mientras practica ejercicio físico y también cuando entra a jugar a una cancha de tenis. Claro que la fuerza mental de un jugador como Nadal le ha permitido sobreponerse y mantenerse en el primer nivel.

A pesar del tratamiento que sigue intensivamente, es habitual escuchar a Nadal de las molestias que le ocasiona la lesión. Esto se debe a que el Síndrome de Müller-Weiss ha sido calificado como dolencia crónica e inoperable.

Si bien no existe una cura para este dolor, sí se puede tratar de paliar los terribles efectos que tiene en el deportista. Hasta el momento, los médicos han desaconsejado el tratamiento quirúrgico y han optado por soluciones ortopédicas (como por ejemplo plantillas especiales para mejorar el apoyo del pie), analgésicos e infiltraciones para fortalecer el hueso que reduzcan considerablemente el dolor que sufre Nadal.

Inclusive, el propio Nadal ha comentado en forma reiterada en distintas entrevistas que “no estoy lesionado. Soy un jugador que convive con una lesión. Sigo jugando porque me hace feliz, pero a veces el dolor me quita toda esa felicidad”.

Para tratar de contrarrestar los efectos de la lesión, Rafael Nadal juega con una zapatillas especiales (calza 42) que son confeccionadas por la firma Nike. A pesar de todo mañana, en el día de su cumpleaños número 36, el tenista español podría estar disputando ante Alexander Zverev uno de sus últimos partidos en Roland Garros como ya lo dijo en la previa antes de enfrentar a Djokovic; aunque solamente él lo sabe.