Limpios pero no tanto, la contracara de la «cultura de la limpieza»

Desde pequeños, nos inculcan ideas que forman nuestro carácter y guían nuestras experiencias en la edad adulta. Muchas de ellas son de importante valor para nuestra vida, pero ¿nos hemos preguntado cuántos conceptos son exagerados o están absolutamente errados, y contrariamente a lo pensado, pueden ocasionar daños en muchos ámbitos de nuestra vida?.

En su habitual columna sobre medio ambiente en «Golpe de suerte», por La Redonda 100.3, el biólogo Lucas Marti abordó un tema poco frecuente: el uso de productos de limpieza y desinfección que resultan dañinos para la salud y que normalmente empleamos en el aseo rutinario de nuestro hogar.

Primer ejemplo: el enjuague bucal.

«En la boca habitan bacterias que son fundamentales en el proceso que ayuda a regular gran parte del sistema vascular de nuestro cuerpo», precisó Marti. «Y hay investigadores que lograron determinar que cada vez que usamos enjuagues bucales estamos matando esa flora bacterial. A pesar que tiene beneficios para reducir las placas, entre otras propiedades, se descubrió que el uso de enjuague dos veces al día durante una semana ya genera cambios negativos en la presión sanguínea. Eleva la presión arterial, concretamente».

Segundo ejemplo: la lavandina

«Diversos estudios sobre sucesión ecológica en baños revelaron que las bacterias más peligrosas aparecen al principio, inmediatamente después de limpiar el lugar. Luego, a medida que pasa el tiempo aparecen otras bacterias, asociadas a la piel humana. Pero el sistema de bacterias no cambia sustancialmente con el paso del tiempo. Dicho de otra manera: el momento en el que hay más bacterias asociadas a las deposiciones es al principio, en las primeras horas luego de haber limpiado el baño. Conclusión, la lavandina no garantiza la higiene total. En parte, la solución está en ventilar bien los ambientes».

La columna completa, en el audio adjunto: