Sigue la conmoción por el trágico final del canillita asaltado en Romero

Un día después del trágico final de Alberto Omar Baldini (60), el canillita de Melchor Romero que falleció tras sufrir un infarto al descubrir que le estaban robando su principal herramienta de trabajo, la conmoción y el asombro continuaban siendo las sensaciones dominantes entre las personas que lo conocían.

Vecinos y comerciantes de la zona de 44 y 137, en donde la víctima tenía su puesto de diarios y revistas desde hacía más de 25 años, no dudaron en afirmar que se trataba de una persona “trabajadora” que pese a las dificultades de salud que tenía, “siempre andaba de buen humor y con un gesto amable”.

“Desde hace 20 años vivo en la zona y cuando llegué al barrio el puesto ya estaba. Muy trabajador. Empezaba temprano y era uno de los últimos que cerraba. El hombre no sólo te vendía el diario. También era una base de datos que muchos consultábamos. Necesitabas un electricista o alguien para cortar el pasto, por ejemplo, y él siempre tenía a alguien para recomendar. Tenía mucha calle como se dice”, indicó una vecina de la zona.

En tanto, un comerciante recordó que tenía una gran pasión por Gimnasia y por la pesca. “Eran dos cosas que le fascinaban. Te dabas cuenta porque las charlas siempre las arrancaba con alguno de esos temas”, explicó el hombre.

En una carnicería ubicada frente al puesto de Baldini indicaron que era un cliente fijo y que en el último tiempo andaba contento porque la operación de cadera que se había hecho había salido bien.

“Su andar se caracterizaba por una cojera que, según nos contó, era producto de un problema que tenía en los huesos. Después de la operación estaba muy esperanzado con empezar a caminar mejor”, expresó el carnicero Mariano Moreno.

Ayer, en horas de la tarde se confirmó que el hombre murió a raíz de una afección cardíaca. Así quedó demostrado en la operación de autopsia que le realizaron por pedido del fiscal Álvaro Garganta.

Fuentes de la investigación precisaron que la víctima falleció a causa de un “infarto de miocardio agudo”, es decir, de una paro cardíaco fulminante producto de la situación de estrés que sufrió durante el asalto que sufrió en su vivienda de 172 entre 519 bis y 520.

Como indicó este diario, la muerte de Baldini se investiga como un “homicidio en ocasión de robo”. Es que si bien los dos sujetos que le robaron no lo atacaron, la situación límite que le hicieron vivir condujo al damnificado a sufrir un ataque coronario fulminante.

Los investigadores sospechan que esa afección se pudo haber originado por la impotencia y frustración que le produjo el desapoderamiento del rodado y además por el miedo que le provocó la posibilidad de que ingresaran en su casa para robar más objetos.

Esta hipótesis se desprende de los elementos hallados en el interior de la vivienda. Según precisaron fuentes policiales, los peritos detectaron que las llaves se encontraban en la cerradura. En este sentido se proyecta que el hombre empleó este recurso ante el avance de los ladrones por su propiedad.

De hecho, según surgió en las últimas horas, los familiares que se acercaron a ver qué sucedía con el hombre debieron romper la puerta principal para poder ingresar y brindarle asistencia.

Los familiares lo encontraron tendido en una cama, en donde calculan que se tendió cuando comenzó a sentir los síntomas del infarto, y poco pudieron hacer para salvarle la vida.

En base a una serie de signos, el equipo médico que concurrió al lugar constató el fallecimiento del hombre.

En tanto, sobre la otra columna de la causa, el paradero de la camioneta EcoSport sustraída en la puerta de la casa de Baldini, al cierre de esta edición aún no habían surgido novedades.

En la misma situación se encuentra el teléfono celular de la víctima que, junto a documentación, se encontraba en la camioneta al momento del hurto.

La policía se encuentra expectante ante la posibilidad de que los ladrones puedan dar un paso en falso y terminen revelando su ubicación cuando vuelvan a encender el aparato.