Nuevas familias: los perros como hijos y las plantas como mascotas

Camila Moreno

cmoreno@eldia.com

“Las mascotas son los nuevos hijos y las plantas las nuevas mascotas”, una frase que apareció en un TikTok aleatorio y que sin ahondar en un análisis mucho más profundo resultó resumir a la perfección el presente de muchos jóvenes.

Hace tiempo que tener hijos dejó de ser un mandato obligatorio, hay toda una generación que vive la maternidad y la paternidad son una opción y no como un destino inevitable. Pero en paralelo a esto, las mascotas comenzaron a ocupar un rol preponderante dentro de sus vidas y como si se tratara de un ascenso dentro de la escala familiar las plantas también treparon un escalafón.

“Tengo 17 plantas, las acabo de contar y así en número me parecen un montón, sobre todo porque ahora vivo en un monoambiente”, relató Soledad y reconoció: “siempre quiero más, últimamente me compro una por mes, cada vez que cobro voy al vivero y me doy como un ‘gustito’, es el gasto que hago para mi”.

“Nuestra generación suplantó a los hijos con las mascotas y los que no tienen tanto tiempo comenzaron a criar plantas”

Ella se emociona cuando crecen, comparte sus cambios en su cuenta de Instagram y se pone mal cuando no sobreviven. Las plantas no solo están ahí en su hogar para adornar un rincón, sino que en ellas encontró un cable a tierra casi una terapia. “Me gusta, bajo mil cambios cuando las cuido. Generalmente cada diez días me tomo una tarde y me dedico a las plantas. Le limpio las hojas, las riego por tandas, las divido en tres grupos y las pongo en la cocina, como que les hago medio un ritual, no me gusta regarlas así nomás y listo, porque también me hace bien a mi. Las trasplanto, las cambio de maceta si alguna necesita le pongo tierra. Es el contacto con la naturaleza adentro de un departamento”, detalló la arquitecta de 29 años.

El cuidado de las plantas es un pasatiempo relativamente nuevo en su vida. Su primera planta la adquirió en pandemia, porque “como hacía home office y estaba mucho tiempo encerrada sentía que necesitaba verde. Además fue la forma que encontré de decorar mi casa y verla más linda ya que estaba todo el tiempo ahí”, explicó y añadió que también la ayudo a fortalecer aún más su vínculo con sus abuelas: “cada vez que me compro una planta, les mando una foto a ellas, hablamos mucho sobre el tema y eso también me gusta encontré otra manera de conectar”.

Una nueva familia tipo

La pandemia fue el impulso que necesitaban muchos para comenzar actividades que siempre postergaron y al igual que Soledad, Yamila empezó a adquirir plantas en ese momento. “Como pasaba más tiempo en casa podía cuidarlas. Arranque con pocas en el departamento y cuando me mude a una casa más amplia aumenté exponencialmente la cantidad y me puse mucho más intensa con sus cuidados”, contó la community manager de 25 años que desde que dejó su monoambiente en Parque Saavedra y se mudo a Villa Elisa a una casa con jardín perdió la cuenta de cuantas tiene. “En maceta son más de 30” y están desparramadas por todos los ambientes: comedor, cocina, patio e incluso el baño. Pero después en el patio tiene todas las que trajo la casa cuando la alquiló y a las que cuida como si fuesen propias.

Aunque para muchos ese número de plantas puede ser suficiente, ella no se detiene “siempre sigo comprando, el tema es el precio a veces son costosas por eso trato de buscar gajos por ahí o intercambiar con amigas”.

Yamila convive con su novio con el que adoptaron una perra a la que llamaron Lisa. A pesar de llevar años de noviazgo el tema hijos nunca surgió ni se lo plantean para un futuro cercano, parecen cumplir con todos los pasos de la “realización millenial” y ahora con las plantas van por el siguiente.

“Creo que esto sí es un signo un poco de un cambio de época” reconoció la joven y aclaró: “siento que nuestra generación al no tener hijos va cargándose de otras responsabilidades que le requieran atención y cuidado pero que no sean tan pesadas ni conlleven tanta responsabilidad como un bebé”.

Y si, no es necesario aclarar que por más que para muchos las mascotas sean como un hijo, un perro o un gato claramente no requiere el mismo esfuerzo, ni la misma inversión y mucho menos la misma responsabilidad que un hijo. Lo mismo pasa con las plantas, no demandan la misma atención que un animal, no hay que sacarlas a pasear, no hay que comprarles alimento. Es que si bien “obviamente necesitan cuidados y demandan tiempo, no deja de ser algo mucho más relajado. Porque si en una semana no la riego no pasa nada, las puedo regar a la siguiente a lo sumo se puede poner un poco pachucha pero no tengo algo ahí que necesita que vuelva a casa a darle de comer, a pasearla o a lo que sea como si pasa con Lisa”, expuso Yamila y aseveró: “Siento que sí, nuestra generación suplantó a los hijos con las mascotas y los que no tienen tanto tiempo en vez de mascotas comenzaron a criar plantas”.

Acompañar el crecimiento

Como con las mascotas no faltan quienes les hablan, les ponen música, o incluso nombres. “Yo no es que me dirijo a ellas como si fueran una persona, pero por ahí si digo en voz alta ‘bueno a ver te cambio de lugar para ver si acá te gusta más’ pero en verdad es por una cuestión de la luz que las cambio no porque sienta que en verdad les va a gustar una mudanza”, confesó entre risas Sofía.

“Me da mucha alegría cuando les salen hojitas nuevas, me emociono porque siento que la estoy cuidando bien”

Además de esto reconoció que a algunas les ha puesto nombre, pero “en joda y quedó” aseguró y recordó que un colega suyo bautizaba las plantas así luego su mamá podía hacerles reiki.

“No, yo no les hablo ni hago nada raro, pero si llevo un registro de su crecimiento cual madre orgullosa”, sostuvo al respecto Soledad. “Me da mucha alegría cuando les salen hojitas nuevas, me emociono porque siento que la estoy cuidando bien. Para mi es su manera de agradecerme el cuidado con una hojita nueva y me emociono”, expresó la joven que sube asiduamente a su Instagram fotos de las plantas y las guarda en historias destacadas, “eso lo hago más que nada para llevar un control del crecimiento, veo las fotos viejas y las comparo con como están ahora y la verdad es que me encanta”.

Pero no todo es color de rosas, también hay lugar para la preocupación como sucede con otros seres vivos. “Así como me pone contenta también me da mucha angustia cuando se mueren o no prosperan. Por ejemplo, este mes me pasó que compré una que claramente no era para mi departamento y se murió. Solo le queda una hoja que está ahí luchando por sobrevivir pero en breve es probable que también muera y eso me da mucha tristeza”, se lamentó Soledad.

Los perros no son hijos, las plantas no son perros, pero hay algo en la manera en la que los jóvenes se relacionan con estos seres vivos el vínculo que establecen y el tiempo que le dedican que hace que ocupen un lugar más dentro de la dinámica familiar.