Los de afuera no son de palo

La fiesta del clásico platense volvió a tener como epicentro el estadio de 57 y 1, con público en las tribunas, después de 17 años, porque en 2021 hubo cruce, aunque sin gente, por culpa de la pandemia generada por el Covid-19. Como en la víspera, es decir con el calor y el color de los hinchas, Estudiantes y Gimnasia no jugaban en tierra del Pincha desde agosto de 2005.

Cierto que faltó la presencia de los Triperos, lo que no es poco, pero el espectáculo brindado por la parcialidad albirroja, como en su momento lo hicieron los fanáticos albiazules, cuando el Lobo fue local en 60 y 118, dejó ver, en toda su magnitud, el significado que para la ciudad, y sus habitantes, tiene un partido convocante como pocos.

Las banderas que se dejaron caer desde lo alto para que cubrieran las tribunas con imágenes relacionadas con la historia del club, el clima que se respiró desde temprano, y más cuando los equipos ingresaron al campo de juego, las explosiones que llegaron desde afuera y la extensa serie de situaciones protagonizadas por Pinchas y Triperos desde las concentraciones mismas de los planteles no hizo más que certificar la pasión del fútbol que se multiplica en el clásico.

Los equipos tuvieron su respaldo desde la concentración misma, lugar de encuentro inevitable, dejaron su huella camino a UNO y las reacciones causadas ya dentro del estadio fueron una muestra acabada del folclore del más popular de los deportes en su máxima expresión. Ovaciones y más ovaciones para el Pincha, obvio; silbido y más silbidos para el Lobo.

Para quienes fueron a la cancha con entradas, un privilegio, el ingreso fue complicado porque los controles diagramados a los efectos de evitar falsificaciones lentificaron el tránsito. Pero, bueno, a esta altura representan situaciones esperadas en el acceso a estadios con partidos de alta convocatoria.

Fueron parte de esa multitud que cubrió las instalaciones de UNO, convocadas por la edición 165 del clásico platense, personalidades muy entrañables para el club Estudiantes, incluyéndose en esta lista ex jugadores, ex directivos y fanáticos del Pincha con un grado de popularidad por encima de la media.

Entre los que más llamó la atención fue Juan Manuel Azconzábal, no por su condición de ex jugador de Estudiantes, o por conocer lo que significa convertirle un gol a Gimnasia, sino porque fue al estadio después de haber jugado a la pelota con su hijo en la rambla de la calle 32 como un padre cualquiera.

Afuera de la cancha también se vivieron un montón de episodios, muchos de los cuales quedaron registrados, como por ejemplo la pantalla gigante instalada para hinchas del Lobo en la plaza San Martín de Ensenada, a partir de la cual se desarrolló una celebración con camisetas, banderas, música, explosiones y comida, porque se habilitaron puestos para su expendio.

En condiciones similares palpitaron la tarde de fútbol los seguidores de Estudiantes que se convocaron en el predio deportivo de City Bell para hacerle el aguante al equipo de Ricardo Zielinski, a partir de un banderazo, con asado, y posterior caravana de acompañamiento a la delegación que avanzó rumbo al estadio Jorge Luis Hirschi.

El equipo albiazul, con Néstor Gorosito al frente de la conducción, se hizo presente en 57 y 1 con el acompañamiento de una reducida delegación que fue alojada en un palco ubicado sobre la calle 115, cercano a 57, bajo estrictas medidas de seguridad para evitar cualquier tipo de incidentes con los fanáticos locales.

Por protocolo, en cada encuentro de estas características, el club al que le corresponde actuar en carácter de visitante tiene la posibilidad de estar representado por un grupo de 30 personas, entre dirigentes y allegados, una lista en la que también fueron anotados jugadores que quedaron al margen, por diferentes motivos, de la convocatoria del técnico.

En las circunstancias descriptas, no trascendieron situaciones que pudieran tener algún tipo de relación con la violencia alrededor de la multitud que colmó las tribunas, y en general no tuvo más reclamos que los destacados a partir de los controles en el ingreso que demoraron más que nunca el ingreso.

Las tribunas del estadio UNO lucieron increíbles cuando el Pincha entró a la cancha

La nota, una vez más, la dieron los protagonistas directos, quienes al término de encuentro, con el 1 a 1 sellado por el pitazo final de Patricio Loustau protagonizaron en pleno campo de juego una serie de entredichos que el árbitro y sus colaboradores lograron contener sin que pasara a mayores en el cierre de una tarde sin otros desbordes.

Otra postal que dejó el clásico 165, esta a través de la televisión, fue la imagen de Juan Sebastián Verón, la Brujita, mirando el partido cerca del banco de los suplentes, sólo, abrigado con una campera. Una posición que la Conmebol no le permite, al punto de habérselo hecho notar a través de notificaciones puntuales. Pero está claro, que el actual vice del club estudiantil, prefiere seguir los partidos de su equipo aislado de todo y de todos.

La Brujita, como tantos, vivió el nuevo clásico platense a su modo, como cada uno de los Pinchas y Triperos, a lo largo y a lo ancho de la ciudad, y hasta de los más remotos lugares del mundo, quienes no tuvieron la posibilidad de entrar a la cancha y en muchos casos respondieron a viejas cábalas o posturas renovadas a los efectos de colaborar, a su modo, por un resultado mejor.

En este contexto transcurrió el domingo del clásico platense 165, sorpresivamente jugado en la primera fecha de la Liga Profesional, con los equipos todavía en desarrollo para avanzar en una competencia en la que ambos representativos de la ciudad apuntan alto, y los habituales riesgos futbolísticos, en parte maximizados, precisamente por tratarse del primer capítulo de una nueva historia.

El empate final dejó las aguas tan calmas como en la previa, porque con sus argumentos, cada uno de los equipos, y su gente, acomodó el 1-1 a su conveniencia y en estos términos será que para ellos el torneo ganará terreno desde la segunda fecha, cuando Gimnasia se presente como local frente a Patronato y Estudiantes sea visitante de Aldosivi, ambos el viernes.

Por eso, seguramente, las desconcentraciones tras el partido disputado en 57 y 1 se realizaron en un marco de tranquilidad, tanto en el estadio que fue epicentro de la fiesta a la que le sobró pasión en rojo y blanco, como en cada uno de los lugares elegidos por quienes no tuvieron el privilegio de ser testigos directos, como el Country Club de Estudiantes, donde se reunieron los Pinchas, y la plaza San Martín de Ensenada, sitio de encuentro Tripero.